Mis padres y mis hijos es el último cuento que vamos a analizar. Trata de un matrimonio separado (Javier y Marga) que, junto al nuevo novio de la mujer buscan a sus hijos desaparecidos. Aunque no son los únicos que no están, puesto que los abuelos de estos (los padres de Javier) tampoco se encuentran a la vista. La mujer entra en la desesperación al ver que sus hijos no se encuentran en ningún lado de la casa, ni si quiera en el enorme jardín. En la búsqueda se encuentran con la ropa de los niños tirada en el suelo y la angustia de Marga empeora.
Finalmente, sin saber que más hacer, decide llamar a la policía para que le ayuden a encontrar a sus hijos. Cuando llega la policía inician la búsqueda y al regresar sin rastro aún de los niños, por fin los encuentran. Están detrás de Charly (novio de Marga) junto con sus abuelos, se encuentran todos muy sonrientes, divirtiéndose, pero hay un detalle sorprendente, se encuentran todos desnudos, juegan sin ropa, niños y adultos, nietos y abuelos. La madre cada vez s enloquece más, ya que no lo ve normal, pero Javier le dice que no hable, que no diga ni una sola palabra, pues después de tanto tiempo puede observar a su padre tan feliz, y todavía algo mejor que eso, el anciano lo mira y lo reconoce.
Este relato habla de lo "aceptable" en nuestra vida cotidiana, la distinción entre los comportamientos malos o buenos, posibles e imposibles. Los personajes son interpretados de forma sincera y autentica, actúas con normalidad ante esas cosas que siempre tratamos de ocultar, es como si nos quitáramos esa máscara que tenemos puesta frente a los prejuicios de la vida social.
Mis padres y mis hijos nace de una imagen que la autora vio: un vidrio, una ventana en la que aparecen tetas viejas y nuevas, abuelos y nietos divirtiéndose en el mismo lugar con su cuerpo. Inventó esa imagen en lectura con es espacio auténtico e infantil que crean los niños y los viejos, donde lo único que de verdad importa es estar y pasarlo bien.
A diferencia de otros cuentos, en Mis padres y mis hijos y más concretamente en el libro completo Siete casas vacías no aparece lo fantástico, pero hay que destacar que igualmente ese clima extraño del que tanto hemos hablado sigue estando presente.
En este último libro de Samanta Schweblin, la atmósfera siniestra que habita en su escritura, se centra en la locura, las crisis personales, todos esos detalles íntimos que descolocan la realidad en el lado más oscuro e la experiencia humana.
A la hora de escribir este libro, la autora tenía muy presente la necesidad de libertad, de buscar algo nuevo, de poder conectar con cualquier persona y mostrar que la vida puede ser armónica. El personaje tiene la necesidad de salir fuera a experimentar qué es lo que se puede encontrar, buscar algo que le vuelva permitir respirar y obtener fuerzas para lograr lo que quiere hacer.
En Siete casas vacías, encontramos un desajuste que empaña esos comportamientos que, aunque cotidianos, nunca se desprenden de su faceta siniestra.
Finalmente, sin saber que más hacer, decide llamar a la policía para que le ayuden a encontrar a sus hijos. Cuando llega la policía inician la búsqueda y al regresar sin rastro aún de los niños, por fin los encuentran. Están detrás de Charly (novio de Marga) junto con sus abuelos, se encuentran todos muy sonrientes, divirtiéndose, pero hay un detalle sorprendente, se encuentran todos desnudos, juegan sin ropa, niños y adultos, nietos y abuelos. La madre cada vez s enloquece más, ya que no lo ve normal, pero Javier le dice que no hable, que no diga ni una sola palabra, pues después de tanto tiempo puede observar a su padre tan feliz, y todavía algo mejor que eso, el anciano lo mira y lo reconoce.
Este relato habla de lo "aceptable" en nuestra vida cotidiana, la distinción entre los comportamientos malos o buenos, posibles e imposibles. Los personajes son interpretados de forma sincera y autentica, actúas con normalidad ante esas cosas que siempre tratamos de ocultar, es como si nos quitáramos esa máscara que tenemos puesta frente a los prejuicios de la vida social.
Mis padres y mis hijos nace de una imagen que la autora vio: un vidrio, una ventana en la que aparecen tetas viejas y nuevas, abuelos y nietos divirtiéndose en el mismo lugar con su cuerpo. Inventó esa imagen en lectura con es espacio auténtico e infantil que crean los niños y los viejos, donde lo único que de verdad importa es estar y pasarlo bien.
A diferencia de otros cuentos, en Mis padres y mis hijos y más concretamente en el libro completo Siete casas vacías no aparece lo fantástico, pero hay que destacar que igualmente ese clima extraño del que tanto hemos hablado sigue estando presente.
En este último libro de Samanta Schweblin, la atmósfera siniestra que habita en su escritura, se centra en la locura, las crisis personales, todos esos detalles íntimos que descolocan la realidad en el lado más oscuro e la experiencia humana.
A la hora de escribir este libro, la autora tenía muy presente la necesidad de libertad, de buscar algo nuevo, de poder conectar con cualquier persona y mostrar que la vida puede ser armónica. El personaje tiene la necesidad de salir fuera a experimentar qué es lo que se puede encontrar, buscar algo que le vuelva permitir respirar y obtener fuerzas para lograr lo que quiere hacer.
En Siete casas vacías, encontramos un desajuste que empaña esos comportamientos que, aunque cotidianos, nunca se desprenden de su faceta siniestra.


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